Ah, es carnaval. En Caracas era una extraña y salvaje celebración, particularmente en mi parte del oeste de la ciudad, con bandas de gente en la calle lanzándose unos a otros agua y otras sustancias. Mi padre Pascualino, a pesar del acento, era mucho mas venezolano que yo. Tantas cosas de nuestra idiosincracia que yo odiaba y el había adoptado alegremente. Un martes de carnaval yo estoy en la azotea dibujando o leyendo mientras afuera las hordas de salvajes libraban batallas de pintura, huevos, agua (me parece recordar también harina, lo que seria una torta… sorry) y el viene por detras de mi y me vacía encima una enorme bolsa de politetileno de tintorería llena de agua.
Es posible que yo le haya hecho lo mismo después, aunque no lo recuerdo -pero la memoria, como le percepción, es inconstante y manufacturamos en gran medida lo que recordamos u olvidamos (tomado de ‘la percepción y la memoria, historias de relojes blandos’ monografía de flavio matani et al para la sociedad de estudios intrascendentes de kentish town).
Es posible que yo le haya hecho lo mismo después, aunque no lo recuerdo -pero la memoria, como le percepción, es inconstante y manufacturamos en gran medida lo que recordamos u olvidamos (tomado de ‘la percepción y la memoria, historias de relojes blandos’ monografía de flavio matani et al para la sociedad de estudios intrascendentes de kentish town).