bueno, el otoño está aquí, finalmente y en pleno. La temperatura ha bajado, los últimos dos días han traído el regreso al clima 'normal' londinense. Fuera de mi ventana veo la Kentish Town Road bañada en una pátina gris, una luz crepuscular que será lo más corriente por unos meses, la cortina de llovizna, los autobuses rojos bañados y brillantes en la lluvia, la única nota de color.. el cielo dramático y revuelto, los peatones con su paso apresurado de no estar afuera más de lo necesario...
Y con todo ello una cierta nostalgia de no se que cosa, de quizá algún sueño olvidado. Del Ávila, quizás, de mi vieja casa de Catia, desmoronándose mientras yo perseguía mis sueños de entonces. De alguna fiesta en el apartamento de Gilberto, escuchando música imposiblemente exótica a las tres y media de la mañana en la oscuridad mientras, ya entonces, nos poníamos nostálgicos por sitios lejanos, por vidas posibles. O de estar sentado en el Gran Café en Sabana Grande mientras caía la lluvia a cántaros, no esta garuíta inglesa que te pide permiso, casi, para empaparte (aunque empaparte lo hará, no te quepa duda), esperando a Ivón o Rosalexia (mezclo ahora épocas distintas..)
Pero quizá no es del pasado que este tiempo del inicio del otoño me hace nostálgico, sino del presente, que el cambio de estación te hace sentir más efímero, más perecedero y fugaz. Pero no tiene sentido, supongo, ponerse nostálgico de la vida antes de vivirla. Así que baño, desayuno y café, necesito mucho café hoy, preparar clases, ver si puedo terminar las dos piecitas que comencé ayer (y escribir o grabar lo que estaba tocando ayer en el estudio de grabación de Ricardo, que podría convertirse en algo interesante), torear a los diversos acreedores que quieren dinero a cambio de sus bienes y servicios.....
Pero allá adentro quedará por el resto del día, seguramente, una pequeña nota de nostalgia indefinida, mezcla de todos los pasados y todos los futuros posibles, lo que no hice, lo que no dije, la tarjeta de visita de los universos paralelos que no existieron porque tomé esta ruta en lugar de aquella, o aquella...
Y con todo ello una cierta nostalgia de no se que cosa, de quizá algún sueño olvidado. Del Ávila, quizás, de mi vieja casa de Catia, desmoronándose mientras yo perseguía mis sueños de entonces. De alguna fiesta en el apartamento de Gilberto, escuchando música imposiblemente exótica a las tres y media de la mañana en la oscuridad mientras, ya entonces, nos poníamos nostálgicos por sitios lejanos, por vidas posibles. O de estar sentado en el Gran Café en Sabana Grande mientras caía la lluvia a cántaros, no esta garuíta inglesa que te pide permiso, casi, para empaparte (aunque empaparte lo hará, no te quepa duda), esperando a Ivón o Rosalexia (mezclo ahora épocas distintas..)
Pero quizá no es del pasado que este tiempo del inicio del otoño me hace nostálgico, sino del presente, que el cambio de estación te hace sentir más efímero, más perecedero y fugaz. Pero no tiene sentido, supongo, ponerse nostálgico de la vida antes de vivirla. Así que baño, desayuno y café, necesito mucho café hoy, preparar clases, ver si puedo terminar las dos piecitas que comencé ayer (y escribir o grabar lo que estaba tocando ayer en el estudio de grabación de Ricardo, que podría convertirse en algo interesante), torear a los diversos acreedores que quieren dinero a cambio de sus bienes y servicios.....
Pero allá adentro quedará por el resto del día, seguramente, una pequeña nota de nostalgia indefinida, mezcla de todos los pasados y todos los futuros posibles, lo que no hice, lo que no dije, la tarjeta de visita de los universos paralelos que no existieron porque tomé esta ruta en lugar de aquella, o aquella...